Las dos bandoleras

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Dos por uno

Obra: Las dos bandoleras. Autor: Lope de Vega. Dramaturgia: Marc Rosich, Carme Portaceli. Dirección: Carme Portaceli. Intérpretes: Helio Pedregal, Carmen Ruiz, Macarena Gómez, Gabriela Flores, Lloreç González, David Fernández Fabu, David Luque, Álex Larumbe, Albert Pérez. Lugar y fecha: Escenario de La Cava de Olite. 02/08/2014. Público: lleno.

Aunque es probable que en origen Las dos bandoleras fuera un reflejo más o menos idealizado, actualizado al gusto barroco, de las leyendas sobre mujeres guerreras (que se remontan, al menos, a los tiempos de las amazonas), visto desde la actualidad, se ve como un canto a la independencia femenina, al derecho de las mujeres a escoger su destino por encima de convenciones sociales (y al precio que se paga por ello).  Cierto que el texto de Lope termina con las féminas rebeldes pasando por el aro del matrimonio. Habría sido inconcebible para la época que el final hubiera sido otro. Pero no ahora: Carme Portaceli, directora del montaje y coautora de la dramaturgia con Marc Rosich, le da un giro al desenlace para reafirmar esa independencia. Con buen criterio: mantener el final de Lope, antes que mostrar victoriosa del enredo a la pareja protagonista, habría supuesto hacerla pasar por las horcas caudinas.

Como es habitual, el punto de partida es un lance amoroso: dos capitanes dan palabra de amor a dos hermanas, Inés (Carmen Ruiz) y Teresa (Macarena Gómez). Después de gozarlas, como se decía, se largan a guerrear, que es lo suyo. Mientras, el rey promete al padre de las chicas encontrarles un buen marido. Ante la perspectiva de un matrimonio indeseado, las hermanas buscan a sus enamorados para hacerles cumplir su promesa, pero estos se llaman andana. Así que ambas se lanzan a la sierra como bandoleras, con el juramento de despeñar a cuanto varón se aventure por los caminos que controlan. La resolución, con encuentro real por medio, es ya más convencional y socialmente ortodoxa. Portaceli y Rosich, amén de modificar el sentido de ese final, han incluido en su versión fragmentos de una historia parecida, que Lope también convirtió en otro de sus títulos: La serrana de la Vera. Esta obra tiene como punto de partida esas leyendas que hemos mencionado antes sobre mujeres bravas que se echan al monte. La inclusión de las escenas de La serrana de la Vera, de hecho, se hace casi como si Inés y Teresa estuvieran inspiradas por la historia de Leonarda, la serrana. Al comienzo, hay una diferencia entre el vestuario más actual de las primeras y el clásico que luce Leonarda. El ropaje es importante: Portaceli hace que Leonarda (interpretada por Gabriela Flores) salga de su miriñaque como una mariposa de su crisálida, y este mismo efecto será luego imitado por Inés y Teresa. El traje de falangista que luce Triviño (Helio Pedregal), el padre de ambas, sirve también para reforzar la figura de varón autoritario y de ideología caduca del personaje.

En esta versión, Inés y Teresa llegarán a encontrarse físicamente con Leonarda, antes de que cada una siga su camino. La historia de esta no desbanca a la de las primeras, que sigue siendo la principal, pero adquiere tanta presencia que uno se llega a hacer a la idea de que se le están dando dos obras en una. Sería tal vez más preciso calificar la peripecia de la serrana como de subtrama, con su propio desarrollo y su final, que contrasta con el de las hermanas bandoleras. No es la única interpolación: también se ha usado parte del discurso antibélico de El asalto de Mastrique, que se pone en boca del gracioso Orgaz, aunque su importancia es menor. En cualquier caso, pese a los añadidos, la unidad y la coherencia del conjunto quedan preservadas.

Me he echado al monte yo también, concretamente a los cerros de Úbeda, y no he comentado gran cosa del elenco. Lo cierto es que, salvo subrayar que todos están sensacionales, poca cosa más tendría que puntualizar. Amén del de la pareja protagonista, seguramente sería delito no mencionar el trabajazo de Pedregal; y falta grave no hacer lo propio con el de David Fernández encarnando a Orgaz. Y quiero mencionar también el de Álex Larumbe (Alvar Pérez), y no solo por ser paisano, sino porque efectivamente lo merece.

Y si la obra es un dos por uno, la función fueron dos mitades, separadas por un intermedio forzado por la lluvia. Un pequeño tirón de orejas para la organización, que se precipitó anunciando la suspensión del espectáculo, provocando que un pequeño sector del público se perdiera la reanudación. Y una merecida felicitación a los actores por su entrega y profesionalidad.

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Fuenteovejuna

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El silencio de las ovejas

Obra: Fuenteovejuna. Autor: Lope de Vega. Adaptación y dramaturgia: Rocío Bello. Compañía: José Estruch-RESAD. Dirección: Pedro Casas. Intérpretes: Ricardo Teva, Víctor Coso, Luis Sorolla, Salvador Bosch, Christian Vázquez, Iván Serrano, Alejandro Pau, María Llinares, Marta Cobos, Guillermo Muñoz, Paula Iwasaki, Cristina Bucero, Jesús Gago, Alberte Viveiro, Irene Calabuig. Lugar y fecha: Escenario de La Cava de Olite, 28/07/14. Público: rozando el lleno.

Iba a decir que corren malos tiempos para la gente que vive del teatro, pero no sé si alguna vez los ha habido buenos. Y menos para los nuevos intérpretes. Con unos índices galopantes de paro juvenil en cualquier sector, podemos imaginar que en uno en el que la precariedad resulta casi proverbial la situación ha de ser, en el mal sentido, dramática. Por eso cobran más valor iniciativas como la de la Asociación José Estruch, destinada a promocionar el aprendizaje continuado y la inserción laboral de los graduados de la Real Escuela Superior de Arte Dramático (RESAD), sin duda el centro español de referencia para la formación de los profesionales de la escena. A través de la compañía homónima, la asociación lleva veinte años largos produciendo montajes de género clásico para ofrecer a los exalumnos una plataforma desde la que mostrar su talento. Una manera positiva de enfrentarse a una situación difícil.

Los montajes de la José Estruch se estrenan tradicionalmente en Almagro, el festival de clásico por excelencia (para mí, por delante del de Mérida). No son habituales del de Olite, aunque ya habían estado en alguna ocasión. Han traído este año su espectáculo más reciente, su versión del clásico de Lope, Fuenteovejuna. Una historia también de rebeliones (un tanto más violentas, eso sí), vista tradicionalmente también como ejemplo de solidaridad colectiva contra el poder. Leo que el nombre del pueblo cordobés sería originalmente el de Fuente Abejuna, y me da por pensar que el espíritu de colaboración de las abejas (y su agresividad ante los ataques) podría cuadrarle mejor a la historia lopesca que el instinto gregario del ganado. Esta versión, sin embargo, ofrece una mirada distinta. Siguiendo con la toponimia, veo que la oficial es Fuente Obejuna, y esa ambigüedad entre la b y la v me hace pensar que pueda no ser una errata la frase que aparece en el programa de mano: “Fuenteovejuna se revela”. No se rebela (o también), sino que asimismo se muestra de un modo distinto al comúnmente aceptado. En la obra de Lope, el pueblo se subleva contra los tiranos para aceptar la autoridad de unos soberanos más justos, los reyes. En la versión dirigida por Pedro Casas, solo se sustituye a unos gobernantes crueles por unos dirigentes de carnaval. Fuenteovejuna no lucha para hacerse dueña de su destino, sino que todos siguen girando en torno a un carrusel ovino en el que solo cambia el nombre del feriante.

Me resulta interesante y, por descontado, más actual el sentido que le da la versión de la compañía. No me lo parece tanto la forma en la que se muestra. Creo que para hacerlo comprensible no era necesario caricaturizar en tal grado a los personajes de los Reyes Católicos. Lo veo como un subrayado excesivo y, además, incoherente con el tono del resto del montaje, como si fuera un injerto de otra obra distinta. Es tan evidente que supongo que la dirección ha tenido que ser consciente de ello, así que entiendo que han tenido sus razones para mantenerlo así, pero a mí me chirría. Al resto de la puesta en escena poco tengo que oponerle. La dirección de Pedro Casas alterna bien los momentos de alegría y de brutalidad que tiene la obra, y hay ocasiones en las que la tensión casi se palpa, como en la escena en la que se retiene y fuerza a Jacinta. El famoso momento del “Todos a una” quedó un poco más deslucido, a mi parecer, no tanto por un casi irrelevante problema con el atrezo (bien resuelto, además), sino porque la organización de la escena y los vítores de los villanos ante el silencio de sus vecinos resultaban un tanto convencionales, teatralmente amañados.

El trabajo de los actores mantiene una buena línea media. Destacaría a una estupenda Paula Iwasaki, muy convincente en el papel de Laurencia, en todos sus registros. También a Jesús Gago, el alcalde de Fuenteovejuna, al que la igualdad en la edad ha obligado en convertir en hermano de la anterior en lugar de padre. Igualmente, a su antagonista, el perverso Fernán Gómez encarnado por Ricardo Teva. Y especialmente, a Christian Vázquez, que, con su papel del gracioso Mengo, se hace con cada escena en la que interviene.